11
EDITORIAL
Obesidad infantojuvenil: un problema que preocupa
y requiere pronta intervención
Es conocido por todos que las tasas de obesidad en ni- educar. Existen iniciativas poco coordinadas al respecto,
ños y adolescentes se han incrementado en los últimos pero no estaría tan segura de que estemos haciendo nues-
años hasta alcanzar cifras verdaderamente alarmantes, ha tro máximo esfuerzo, o al menos no de manera efectiva tal
dejado de ser un problema de pocos para transformarse en como lo muestran las estadísticas.
la preocupación de muchos.
Debemos dejar de culpar al paciente obeso de su enfer-
La bibliografía muestra un sinnúmero de trabajos en los medad, para dar paso a respuestas concretas a su proble-
que se evidencian asociaciones nefastas entre la forma en ma, mediante soluciones reales que le permitan incorporar
la que viven nuestros niños y jóvenes y el impacto que esto finalmente un estilo de vida adecuado.
provoca sobre su salud. Los trastornos derivados del so-
Poner en marcha políticas sanitarias rotundas que modi-
brepeso y la obesidad que antes se observaban en etapas fiquen esta trayectoria es una necesidad inminente.
medias de la vida, hoy se pueden constatar en estos grupos
etarios, con lo que ello implica para el futuro de la humani-
dad. La expectativa de vida se ha reducido, producto de las
complicaciones derivadas de esta problemática, provocan-
do muertes en poblaciones cada vez más jóvenes.
Un deseo no cambia nada, una decisión cambia todo.
Dra. Graciela Ponce
Docente investigador UNPSJB
La Organización Mundial de la Salud a través de su docu-
mento “Prevención de Enfermedades Crónicas”, ha indica-
do que la epidemia “invisible” de cardiopatías, accidentes
cerebrovasculares, diabetes, cáncer y otras enfermedades
crónicas será la que en un futuro previsible se cobrará el
mayor tributo en forma de defunciones y discapacidad. Sin
embargo, somos muchos los responsables para cambiar
esta historia.
La educación relacionada a la elección de alimentos sa-
ludables y la incorporación de la actividad física a nuestras
vidas es una parte sin dudas fundamental, pero no suficien-
te para lograr un impacto significativo en la población. Este
cambio no implica solo enseñar a los padres a comprar lo
correctamente saludable en el supermercado.
Se requieren políticas sanitarias firmes que, por un lado,
hagan cumplir leyes ya existentes, por ejemplo regulación
y control de lo que deberían ofrecer los kioscos en las es-
cuelas y colegios, junto a sanciones concretas, sin temer al
empleo de esta “palabra”, mediante el pago de impuestos
diferenciales o “multas” a empresas que ofrezcan productos
cargados de “calorías vacías”, que además se acompañan
de publicidades que seducen a los niños y jóvenes promo-
viendo su consumo. Hacer los respectivos diagnósticos de
situación en cada parte de este mundo resulta necesario,
pero no suficiente. Los resultados obtenidos deberían servir
como motor para el cambio.
La información científica es abundante y muestra clara-
mente escenarios que se replican globalmente, indepen-
dientemente de la condición social o económica. Es el mo-
mento de que cada uno de nosotros tome conciencia desde
el lugar que ocupa, con el recurso disponible que requiere,
de una urgente intervención con la seriedad que la situación
amerita.
El equipo de salud en su conjunto debe invertir horas en
ByPC 2017;81(3)